Muy Antigua Archicofradía del Dulce Nombre de Jesús y Primitiva y Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Santa Vera Cruz (Santísimo Cristo de la Expiración) y María Santísima del Valle

Historia y Antigüedad

Últimos Estatutos aprobados:4 de febrero de 1997

Primeros Estatutos conocidos:1625

Documento más antiguo existente y conocido: Libro de la Cofradía de 1577

Inscripción en el Registro de Entidades Religiosas:16 de marzo de 2010, con el número 7577-SE/C


La Hermandad de la Santa Vera Cruz es posiblemente una de las cofradías más antiguas que hoy día perviven en la ciudad de Motril. Desconocemos su origen exacto, pero documentos más tardíos nos hacen pensar que sus inicios pueden remontarse a principios del siglo XVI. Según el “historiador” motrileño Tomás de Aquino y Mercado, los Reyes Católicos ordenaron construir en 1517 el llamado Hospital Real de Santa Ana o “de la Paz” acometiendo su fábrica el bachiller y vicario Gonzalo Hernández de Herrera. Este Hospital fue muy importante para los comienzos de la Hermandad ya que los frailes mínimos que lo regentaban trajeron a la villa la advocación de la Cruz, pudiendo ser este el origen de la cofradía.

Estos indicios parecen confirmarse gracias a un documento de 1591 en el que se relata la visita a la villa de Motril del arzobispo de Granada, Pedro de Castro. En él se cita textualmente: Vera Cruz: Visitose el libro de la Cofradía de la Vera Cruz, que corre del año de setenta y siete. [Por un auto de 1579 los frailes de la Victoria eran nombrados guardadores de la cofradía, acudiendo a los entierros y demás funciones propias de la cofradía, se les contradice que no lo pueden hacer sin licencia del prelado. Siguen otras cuestiones de la cantidad que pagaba por su entrada cada cofrade, sobre pedir limosnas, que las procesiones se hagan dentro de la iglesia].

Por tanto, en 1577 esta cofradía ya tenía sus estatutos aprobados, siendo los conservados en 1625 una copia de éstos que debieron perderse o extraviarse por algún motivo desconocido.

Su residencia canónica estuvo ubicada en la iglesia de los Hospitalicos, una pequeña ermita adosada al Hospital Real en la que se albergaba la efigie de un crucificado que despertaba gran devoción entre los fieles motrileños: el Santísimo Cristo de la Expiración. Su principal función de penitencia se celebraba el Jueves Santo, día en el que su titular recorría las principales calles de la villa. Su recorrido debió ser muy similar al que realizaban los nazarenos el Viernes Santo: tras cruzar la Puerta de Castell de Ferro, se accedía directamente a la calle de la Carrera continuando hasta pasar el Puente del Salitre y dirigirse al Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza para efectuar ante la Patrona su obligada estación de fe.

Esta procesión fue conocida entre sus contemporáneos como la “procesión de la Disciplina”. Y es que tras una misa en la que un padre predicador dedicaba el sermón al sublime sacrificio de Cristo, los cofrades de la Santa Vera Cruz se imponían rigurosos actos de mortificación al flagelarse las espaldas con ramas y cuerdas para expiar su sentimiento de culpa por la muerte de Nuestro Salvador y purgar sus pecados mundanos. Al final de su recorrido volvían al Hospital de Santa Ana donde eran curados por los médicos y cirujanos del mismo. Tomás de Aquino describe muy bien esta procesión:“… De este hospital sale la proçesión de la Diçiplina el Juebes Santo y les predican y curan a los penitentes”.

A lo largo del siglo XVII, la Hermandad de la Santa Vera Cruz se fue consolidando como una de las cofradías más importantes de la villa de Motril, hecho que queda confirmado por la concesión de varias indulgencias papales a este gremio pasionista y sus hermanos. Además, a falta de documentos que atestigüen lo contrario, es la única cofradía motrileña que ha obtenido en su historia estos dones pontificios.

Las dos primeras indulgencias se concedieron a principios del siglo XVII por Pablo V. El 21 de junio de 1611 el Papa “para que siempre se recuerde” distinguió “en el lugar de Motril de la diócesis de Granada, una piadosa cofradía de los fieles de Jesucristo bajo la invocación de la Vera Cruz, por una especial entrega de sus hombres; consta canónicamente instituida cuyos amados cofrades y hermanos acostumbraron a ejercitarse en distintas obras de piedad y caridad”. Es evidente que la intención de Pablo V era incrementar el número de fieles de la cofradía y con esta indulgencia establecía los cimientos para ello ya que los hermanos que la integraban así como los nuevos que se incorporaran conseguirían la remisión total de sus pecados. Ese mismo año Pablo V otorgó una nueva indulgencia pero esta vez iba dirigida a los cofrades que asistieran al septenario que celebraba la hermandad en la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz. Para lograr este privilegio se debía acudir a la iglesia de los Hospitalicos y rezar en su capilla por la concordia entre los cristianos, la extinción de las herejías y la exaltación de la Santa Madre Iglesia.

Tan sólo dos años después, el mismo Pontífice concedió una nueva indulgencia a la Hermandad de la Vera Cruz. En esta ocasión sólo a los cofrades que hubieran asistido al septenario y, durante las cuarenta horas de oración, se hubieran arrepentido, confesado y reconfortado con la Sagrada Comunión recibirían esta gracia.

La última gracia papal que recibió esta cofradía fue expedida el 22 de octubre de 1652. Fue el Papa Inocencio X, de nuevo con la intención de aumentar el número de cofrades, el que concedió una indulgencia plenaria a aquellos fieles de Jesucristo que, arrepentidos de verdad, elevasen piadosas preces a Dios en la “iglesia de los Ermitaños” de Castell de Ferro. Las oraciones debían realizarse en la festividad de la Bienaventurada Virgen María de dicho lugar y tendría validez sólo para los presentes al septenario.

Estas cuatro indulgencias demuestran sin duda la gran importancia que fue adquiriendo esta Hermandad en Motril pero, sobre todo, su ennoblecimiento gracias a estos dones pontificios, un hecho transcendental en una época con una mentalidad marcadamente religiosa como fue la Edad Moderna.

Sin embargo, a finales del siglo XVII, y tras diversas vicisitudes, la Hermandad de la Santa Vera Cruz inició su decadencia. Uno de los factores que explican esta situación se produjo cuando la Monarquía prohibió los actos disciplinantes en sus Reinos, lo que sin duda provocaría una disminución en su número de fieles ya que, como he mencionado con anterioridad, eran los actos de mortificación el principal reclamo y atractivo de esta cofradía. El otro factor que mermó la existencia de sus hermanos se produjo con motivo de la epidemia de peste que vivió la ya ciudad de Motril en 1679. La drástica disminución de la población por esta epidemia afectó lógicamente al número de hermanos que tenía la Hermandad aunque no por ello dejó de colaborar en ahuyentar dicho mal: “Al ver la ruina, no cesaba la católica devoción de solicitar el Divino reparo…En noche diferente salió a la misma vista la milagrosa imagen de Cristo Crucificado del hospital de la Veracruz”. Pero la baja de fieles fue tan dramática que no pudo procesionar en unos años y los pocos cofrades que quedaron, se dedicaron a cuidar la capilla de su titular.

En el siglo XVIII, la Hermandad volvió a reorganizarse. En esta época, el Santísimo Cristo de la Expiración pasó a ser conocido como el “Cristo de la Aguas”, pues se recurría a él en los años de climatología adversa y sequía que amenazaban con arruinar la cosecha de la caña de azúcar, comentándose que rara era la vez que se encerraba el titular sin que previamente descargara la ansiada lluvia. Pero no sólo se sacaba en procesión al Cristo de la Expiración para atraer la lluvia, sino que su devoción era tan importante en Motril que incluso en 1708 procesionó el día de la Natividad para pedir la eliminación de una plaga de langostas que asolaba las cosechas cañeras de la ciudad.

Gracias a la documentación conservada, se puede apreciar un nuevo resurgir de la cofradía debido a un considerable aumento de sus hermanos. Así entre 1725 y 1726, los cofrades de la Hermandad acometieron la ampliación de la capilla del Cristo de la Expiración y sacristía de la iglesia del Hospital Real Eclesiástico, pues era tal su número que muchos tenían que seguir los actos y cultos desde la calle por falta de espacio.

Durante el siglo XIX, la Hermandad de la Vera Cruz siguió procesionando el Jueves Santo junto con otros pasos y titulares como se confirma en varios números del “Defensor de Granada: “Vera Cruz: el Jueves Santo, a las cinco de la tarde, se forma un huerto en la placeta de la Victoria y se verificó el prendimiento de Jesús, sacándole en procesión por las calles con las imágenes del Santo Cristo de la Expiración, Jesús Orando en el Huerto, Jesús Preso, el Señor amarrado a la Columna, San Juan y la Virgen”.

Tras una nueva desaparición de la cofradía a principios del siglo XX por motivos de la gran crisis agrícola local, se vuelve a reorganizar en 1925, bajo la tutela del Sindicato Católico Agrícola, restaurándose los Hospitalicos y recibiéndose ayuda material del Arzobispado de Granada. Quedó oficialmente constituida el 28 de marzo de 1926, gozando todos sus hermanos de los beneficios y privilegios que en tiempos remotos se habían otorgado a la Hermandad, entre otros: indulgencia plenaria en el momento de ingreso, si se es penitente y está verdaderamente arrepentido y asimismo recibiese el Santísimo Sacramento; a los hermanos en peligro de muerte, si están confesados, arrepentidos y han recibido la comunión; por visitar la capilla el día del Jueves Santo; por asistir al septenario en la fiesta de la exaltación de la Cruz; etc.

En la Guerra Civil Española se destruye la imagen del Santísimo Cristo de la Expiración y con ella desaparece, nuevamente la Hermandad. Una vez más, es reorganizada en 1951, por 38 hermanos, en esta ocasión a iniciativa de los empleados de Obras Públicas del Puerto de Motril y el gremio de pescadores. Procesiona en la noche del Miércoles Santo de 1954 un Crucificado que recibía culto en la capilla de la MM. Dominicas, desde donde salió. 1964 fue el último año que salió la Hermandad en procesión, si bien continuó su actividad interna, fomentando la organización de la Federación de Cofradías y Vía Crucis, quedando definitivamente dimitida la Junta de Gobierno de la Hermandad en 1967.

No será hasta 1990 cuando se vuelva a reorganizar de nuevo con el movimiento juvenil del Dulce Nombre de Jesús, fusionando ambas hermandades y añadiéndole la advocación mariana de la Virgen del Valle. Sus vigentes estatutos fueron aprobados en 1997.

En 1998, se encarga la nueva imagen del titular, el Cristo de la Expiración, al joven imaginero malagueño Raúl Trillo Díaz, bendiciéndose y presidiendo el Vía Crucis el 25 de marzo del año siguiente, y realizando la primera estación de penitencia en la tarde-noche del Viernes Santo del mismo año.

Por lo que respecta a la Virgen del Valle, su referencia más antigua se encuentra reflejada en un cuadro dentro de una hornacina sita en una callejuela céntrica de Motril, y que restaurado en 1995 nos delató su antigüedad: el año 1780. En el año 2003 y 2004 se acometió el embellecimiento de la hornacina y su entorno con la colocación de dos retablos cerámicos con motivos alusivo a esta tradición mariana motrileña y otros adornos. En julio de 2005, por acuerdo de Cabildo General es encargada una talla que represente a la Virgen del Valle al imaginero cordobés D. Miguel Ángel González Jurado, siendo entregada en la navidad del año siguiente y su bendición el 18 de febrero de 2007 en la Iglesia Mayor Parroquial de la Encarnación. La advocación adoptada es una recuperación histórica de Motril (al igual que la de los otros dos Titulares) y de la que se conoce su existencia al menos desde el siglo XVIII. Procesiona por primera vez el Viernes Santo de 2008, en el mismo paso del Cristo de la Expiración.

En cuanto al Dulce Nombre de Jesús, su procedencia está en la religión de Santo Domingo. Se extendió su festividad a toda la Iglesia Universal en el año de 1721 por el Papa Inocencio XIII. Aunque no consta una fecha exacta del inicio en Motril a la devoción al Niño Jesús, si se sabe que Juan de Luminati, ferviente devoto, al ser nombrado sacerdote de la Parroquia de la Encarnación, en 1725, pudo haber fomentado y acrecentado su adoración y culto, pues ya se celebraba la festividad del Nombre de Jesús en el siglo XVII. En su última voluntad, Juan de Luminati destinó el residuo de su fundación para ayuda de costa de la procesión que se celebraba al Niño resucitado en la mañana del Domingo de Resurrección. El Papa Inocencio XI, en 1678, expidió un breve en el declaró canónicamente fundadas todas las Hermandades del Dulce Nombre de Jesús establecidas a la fecha. También el Cardenal Belluga debió tener gran devoción al Niño Jesús, pues por su encargo se celebraba misa cantada en la Capilla de la Virgen de los Dolores el día del Dulce Nombre de Jesús en su honor, con asistencia de capellanes y curas de la capilla y la ciudad y Ministros de la Iglesia y capilla.

La imagen que se veneraba en Motril era un Niño Jesús, que unos autores, atribuyen a Pedro de Mena (1628-1688) y otros a su escuela, la cual estaba ubicada en el Altar Mayor de la Iglesia de la Encarnación.

Tal tradición, fue recogida en el año de 1990 por D. José Luis Bosch Posadas con el apoyo del párroco de la Iglesia de la Encarnación, D. José Delgado, organizando en la mañana del Domingo de Resurrección una procesión para niños con una imagen de un Niño Jesús cedido por la hermana de la localidad de Válor, al no contar con imagen en la ciudad de Motril. Ese mismo año se reorganiza la procesión como una Cofradía, acogida en el seno de la Asociación "Motril Cofrade", que inicia las gestiones para adquirir una imagen propia de Niño Jesús, imagen que, tallada por el cordobés Miguel Ángel González Jurado, fue bendecida el día primero de año de 1993 y procesiona en la mañana del Domingo de Resurrección por las calles de Motril repletas de público, y acompañada de multitud de niños que hacen sonar campanillas de barro blanco.

La Procesión del Dulce Nombre de Jesús está declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional de Andalucía según resolución del Consejero de Turismo y Deporte de la Junta de Andalucía de fecha 16-09-03, con efectividad de 14-04-03, publicada en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía nº 209 del 30-10-03.

Con fecha 16 de marzo de 2010 queda la Archicofradía inscrita en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia con el número 7577 de la Sección especial Grupo C (7577-SE/C).

Jesús Rodríguez Gálvez

Licenciado en Historia