Muy Antigua Archicofradía del Dulce Nombre de Jesús y Primitiva y Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Santa Vera Cruz (Santísimo Cristo de la Expiración) y María Santísima del Valle

La Semana Santa

UN DOMINGO DE RAMOS

Hoy, en la misa, se lee la narración del la Pasión de Jesús de Nazaret. Este año según el evangelio de Marcos (la narración de la Pasión más breve probablemente la más antigua). Es la historia de un ajusticiamiento. Un hombre pobre es clavado en la cruz y sus últimas palabras son: "Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Final trágico de quien parece haber fracasado totalmente.

Pero nosotros celebramos aquel camino de pasión y muerte con las aclamaciones de los ramos y de las palmas. Porque es eso lo que creemos; que aquel camino de pasión y de muerte desembocó en la resurrección, en la vida. Porque era un camino de amor del Hijo de Dios.


LA CENA DEL JUEVES

El evangelio de Juan empieza la narración de esta cena diciendo que Jesús ``habiendo amado a los suyos los amó hasta el extremo. ¿Cómo? lavándoles los pies, gesto de servicio sencillo, humilde, personal, atento. ``Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.

Y, también, dándoles el pan y el vino que son una alianza de amor que durará siempre. Por eso, porque durará siempre, Jesús dijo: "Haced esto en conmemoración mía". Y nosotros lo repetimos domingo tras domingo. Para que él esté vivo entre nosotros y nosotros sigamos su ejemplo de servicio sencillo, humilde, atento, personal.


EL VIERNES, LA CRUZ

La cruz preside el encuentro cristiano del viernes. Preside la celebración, porque a pesar de que recordemos hoy la tragedia suprema de una muerte en la cruz, el encuentro cristiano es-hoy también-una celebración. Celebramos que en aquella cruz se nos reveló más que nunca, mejor que nunca, quién es y cómo es Dios. En la cruz, Dios, por su Hijo Jesús de Nazaret, comulga y abraza, comparte y asume el dolor, el fracaso, el hundimiento, la muerte del hombre.

"Ahí tenéis al hombre", dijo el gobernador Pilato. "Aquí tenemos quién y cómo es Dios" podemos decir nosotros. El Dios que, como repite Juan, es, simplemente, amor.

LA VIGILIA DE LA VICTORIA

Pascua quiere decir "paso": es el paso a la vida, a la vida con amor, es decir, a la vida total. A la vida que es Dios.

Esta noche, la noche del sábado, vigilia y camino hacia el gran domingo de Pascua, celebramos la victoria del Señor Jesús, del que fue crucificado pero ya no está en el sepulcro: ¡Ha resucitado!. Una victoria que da sentido a toda la historia humana -que recordamos esta noche en la larga serie de lecturas-, una victoria en la que nosotros hemos sido sumergidos -es lo que expresó nuestro bautismo-, una victoria de la que nos alimentamos para avanzar en el amor cada vez que como esta noche- compartimos el cuerpo y la sangre del Resucitado.

UNA CELEBRACIÓN QUE DURA CINCUENTA DÍAS

La Semana Santa no es un paréntesis sino una puerta: la puerta que introduce en la gran celebración de la victoria de Dios, dura cincuenta días, siete domingos, culmina en la fiesta de Pentecostés. Y la victoria de Jesús, la victoria de Dios, es también en el amor (en el amor que es lo que los evangelios llaman el Reino de Dios). Este año, durante estos domingos de Pascua, leeremos la primera carta de Juan que nos repetirá:

"Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quién no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor".

Celebrar la Pascua es sumergirse en este amor de Dios. Por eso es el tiempo de la alegría, de la fiesta. Y también de la paz. Jesús resucitado -leemos en los evangelios- saludaba a sus discípulos diciéndoles: "Paz a vosotros". Que sea esta paz la que nos comuniquemos unos a otros cada domingo, cada día, en todo lo que hacemos, decimos o sentimos. Construyamos la paz de Cristo -el Reino de Dios- en nuestro mundo.